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Escuece la crisis económica y amenaza con llagas sociales

Trato de no pensarlo, de proyectar en mi cabeza pensamientos más positivos para reflejarlos a la realidad, pero no puedo. Se impone lo objetivo. Las imágenes, los sonidos y las letras, totalmente adversos a lo que yo deseo. El discurso racista se acentúa. Está en las calles, en los bares y restaurantes, en los mercadillos, en las escuelas, empresas e instituciones. Está pasando, la crisis económica y todas las circunstancias que la rodea están activando sentimientos negativos que allanan el camino hacia lo que puede convertirse en una crisis social. La inmigración es la diana. Alguien tiene que pagar los platos rotos de todo el diluvio caótico que existe en España. La elección del blanco no es espontánea, en diversos sectores ‘trabajan’ con dardos dirigidos y envenenados con mala fe para el beneficio propio.

Tomen nota. Una encuesta del Periódico Cataluña asegura que la mitad de los catalanes (48 %) creen que la inmigración es mala para el país, dos de cada tres (64%) opinan que no debería empadronarse a los sin papeles y uno de cada cuatro (24%) declara que podría votar a la fuerza política encabezada por el ultra Josep Anglada.

No es lo único. Nos vamos al norte. En el País Vasco las aulas escolares también son caldo de cultivo para brotes xenófobos. La síntesis del IV Seminario de Formación en Derechos Humanos para educadores, es clara: “Crecen las actitudes tolerantes”. Sus conclusiones dicen que hay apertura a la pluralidad cultural, “pero decae la visión de la funcionalidad económica de la población inmigrante. Se mantienen los estereotipos. Aumenta la precariedad y la incertidumbre”

No hay invenciones, ni dramas…son datos que hablan sin pronunciar palabras; datos que nos obligan a repensar y a replantear el contexto para encontrar la punta del ovillo. Las autoridades tendrán que reconsiderar sus programas para prevenir un estallido social, pero nosotros también podemos actuar.  Merodea por mi cabeza lo sucedido en El Ejido y las revueltas en Francia. Inmigración, xenofobia, intolerancia. No, no se nos puede ir de las manos, hay que evitar a toda costa reeditar esos capítulos tristes. Mi percepción es que estamos a otra escala en España, hemos avanzado en integración y no me refiero  al trabajo de los Gobiernos de turno, sino al aporte de su gente. No es momento de retrocesos, ni de perder tiempo echándonos culpas- aunque aquí sale concientemente mi vena rebelde y de inmediato visualizo a algunos miembros de la clase política que utilizan el tema como arma arrojadiza dando pie al discurso xenófobo. Se me revuelven las tripas-.

Dejo de lado a los granujos y retomo el compromiso. Todos somos responsables en el proceso y la falta de implicación también se mira como una falta grave. Hay retos que abordar, misiones que emprender. Hay que convertir en fortalezas nuestras debilidades. Cambiar el pensamiento de tú vecino puede ser una alternativa cercana; empodera la integración, no evadas el tema; afróntalo con mente positiva y con información. Consolidar el proceso y pasar a la normalidad es tarea de todos.

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