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La verdadera dimensión de los problemas

Espero que los lectores me disculpen, pero necesito incidir nuevamente en las malas prácticas de algunos colegas de profesión a la hora de tratar el asunto de la inmigración. Si en mi anterior post criticaba el uso de términos como “avalancha” para referirse a la llegada de un número relativamente escaso de inmigrantes en situación irregular a las costas españolas, en esta ocasión tengo que verter nuevas críticas sobre otros medios y periodistas, que no tienen más ánimo que el de que todos reflexionemos acerca de esta realidad. Por eso, espero que a mí se me dé el mismo tratamiento y que siempre haya alguien para alertarme de que lo que pueda hacer en el ejercicio de mi trabajo puede estar mal hecho.

A lo que iba. Este titular fue publicado en El Mundo el pasado 27 de octubre, en la edición impresa del diario: ‘Marroquíes simulan perder a sus hijos para que estudien en España’. Además de alarmarse y de pensar de inmediato que cómo es posible que algo así, tan grave, pueda llegar a suceder sin que nadie tome las medidas oportunas, también tiene uno la tentación de pensar que ‘vaya piezas son estos moros’, que están dispuestos a cualquier tropelía con tal de sacar partido del esfuerzo de todos los españoles, enfrascados en hacer posible el Estado del bienestar.

Con semejante titular, lo normal es que cualquier ciudadano de a pie piense que todos los marroquíes están simulando perder a sus hijos para que los eduquen en este país.

Analicemos ahora cuál es la realidad descrita por este medio de comunicación, que se hace eco de una nota publicada por una agencia de comunicación. Según la información, la Consejería para la Igualdad y el Bienestar Social de la Junta de Andalucía “tiene previsto denunciar en los próximos días a seis familias marroquíes por ‘abandono’ de sus hijos menores en centros de acogida, tras constatar que se trata de niños de entornos familiares ‘absolutamente normales’ y con recursos económicos suficientes”.

La situación, evidentemente, es lamentable, ya que tiene poca justificación que unos padres, vengan de donde vengan, como si son de nacionalidad española, recurran a semejante estratagema para conseguir que sus hijos reciban una educación en teoría mejor que la que obtendrían en su lugar de origen.

Pero lo que tampoco tiene mucho sentido es que se trate de vender esta información dando lugar a equívocos o a interpretaciones erróneas o interesadas. Se trata de ¡seis casos! en toda la comunidad autónoma de Andalucía. En la actualidad, hay 911 chavales de origen marroquí en los centros de menores andaluces, mientras que en toda España, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, residen casi 770.000 ciudadanos procedentes del país magrebí.

Como en todas partes, como en todo lugar y actividad, hay ovejas negras sin escrúpulos dispuestos a cualquier cosa para sacar beneficio propio. Pero, en este caso, resulta un poco doloroso que un titular pueda ensuciar la reputación de un colectivo que, pese a numerosas dificultades, se encuentra perfectamente integrado en la sociedad española, como revelan estos mismos inmigrantes en algunos informes, como el ‘Estudio sobre la comunidad inmigrante musulmana’, elaborado por los ministerios del Interior, de Justicia y de Trabajo e Inmigración.

Aunque una de las normas generales del estilo periodístico es no empezar un titular con un número, tal vez en esta ocasión hubiese ayudado al lector a entender la verdadera dimensión de esta denuncia saber que se trata de casos aislados que se deben atajar y evitar, pero que bajo ningún concepto suponen la norma general entre un colectivo como el marroquí.

Por tanto, colegas de profesión, ojo con cómo titulamos las informaciones, que en nuestras manos tenemos una responsabilidad importante.

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