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Evitemos que luego sea demasiado tarde

Martes, 13 de diciembre de 2011 Dejar un comentario Ir a comentarios

La información económica sigue dominando cada día las primeras páginas de la mayoría de los diarios europeos. Escuchamos en todos los medios las palabras crisis, prima de riesgo, test de estrés y muchas otras que nos hacen vivir con el corazón en un puño, como si Occidente viviera una etapa de penurias insalvables. El pesimismo hace que pensemos que nadie puede estar peor que nosotros, que tenemos que luchar contra unas tasas de paro excesivas. Y a veces se nos olvida plantearnos que, si nosotros estamos como estamos, cómo le irá la vida a quienes tradicionalmente no tienen nada.

Intermón Oxfam está actuando como la voz de nuestra conciencia y estos días lanzaba un recordatorio interesante. Según esta organización humanitaria, más de once millones de personas están en riesgo de sufrir una grave crisis alimentaria en los próximos meses en la región africana de Sahel, ése África subsahariana que en países como España se hizo tan familiar con la llegada de miles de inmigrantes procedentes de países como Mali.

El aviso de Oxfam se hace más necesario que nunca, porque en España, y en Europa en general, tenemos una peligrosa tendencia a olvidarnos del resto de regiones del mundo. Al menos sólo hasta que los medios reaccionan y empiezan a mostrar imágenes de niños famélicos y de personas muriéndose de hambre, como ocurrió durante la última crisis alimentaria en el Cuerno de África.

Hay que actuar antes de que llegue la emergencia, y eso pasa por el compromiso político, tanto de los Gobiernos locales como de los occidentales, pero también por parte de la sociedad civil, que tampoco debe esperar a que sean los gobernantes los que se pongan manos a la obra.

Hay miles de ONG y de entidades sociales con presencia permanente en África, a las que hacer llegar ayuda para evitar que la situación se haga insostenible en el breve plazo.

Por tanto, no esperemos a que sea demasiado tarde. Parémonos a pensar por un instante y rasquémonos el bolsillo para ayudar a los que no tienen nada. Esta vez estamos avisados. No esperemos a ver en los periódicos las imágenes de la desolación.

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