‘Es lo que toca’ o el engaño colectivo de los medios sobre inmigración
Hasta ahora teníamos claros indicios de que la calidad periodística había sido asesinada por los editores y por los propios periodistas, dispuestos a vender su alma al diablo por un mísero plato de lentejas. Hoy ya tenemos pruebas palpables de que, en efecto, así es. La semana pasada, el grupo de investigación Migración, Etnicidad y Ciudadanía de la Universidad Autónoma de Madrid reunió, en la segunda edición de sus jornadas sobre políticas de representación en movimientos migratorios a periodistas de origen inmigrante, en una primera sesión, y a directores y responsables de medios especializados, en una segunda, que deparó algunos comentarios interesantes.
Los dos paneles de expertos permitieron constatar que la generalizada crisis en los medios de comunicación ha afectado con especial virulencia a los especializados en inmigración, cuyas cifras de facturación no han dejado de menguar en los tres últimos años, en un sector que, desde el boom iniciado hace siete años, no ha sido capaz nunca de dar números que no sean rojos.
Pero roja es como se nos queda la cara a algunos cuando escuchamos argumentos de directores de medios de comunicación que justifican sin ningún tipo de rubor que se sustituya a redactores por becarios sin ningún tipo de experiencia y que salen gratis. Eso sí, esos novatos dispuestos a dejarse la piel por un contrato que nunca llegará garantizan una cosa: “ponen corazón”, como aseguraba Edwin Pérez, director de la revista Aquí Latinos.
Tal vez no se dé cuenta de que un corazón sin más sirve de poco. Las simples ganas sin cerebro, sin medios y sin experiencia nos conducen a lo que, con cada vez más frecuencia, tenemos que ver en los medios especializados en inmigración e incluso en los generalistas: historias de una pésima calidad, con faltas de ortografía, una sintaxis deficiente y una carencia de fuentes valiosas.
Por desgracia, en el sector de los medios para inmigrantes son muchos, como Sí, Se Puede o Raíz, los que han optado por la salida más fácil a la crisis, la de acabar con redacciones conformadas por profesionales dignos para sustituirlos por becarios, pensando en que la calidad no se resentiría.
Nos quejamos de que la publicidad huye hacia otros productos, pero si el argumento que se le pone al anunciante sobre la mesa es que ahora se hace un producto peor que antes, ¿cómo esperamos que regrese a nuestros brazos?
Otros, como Norberto Latorre, responsable de la emisora Fiesta FM, todo un clásico de la habitual radio ilegal (cuánto molesta a quienes sí cumplen las normas eso de la ‘alegalidad’ que suelen emplear como recurso justificativo estos ilegales), tiene su propia receta para cautivar a los anunciantes, y es una peculiar visión del ‘marketing’.
Según Latorre, no hay mejor técnica de ‘marketing’ que la del cliente contento, y esa búsqueda de la felicidad del que paga lo justifica todo. “El modelo ha cambiado”, dice el responsable de Fiesta FM, para quien los periodistas tienen la obligación de generar sus propios ingresos, de vender publicidad, de llevar el dinero a casa.
¿Saben lo que pasa cuando un periodista ha de vender y tener a un cliente contento? Muy sencillo: que se termina convirtiendo en un instrumento de los intereses comerciales de quien paga, que se acaba transformando en un propagandista que ha de estar dispuesto a todo lo que pida el cliente.
Redactores vendiendo publicidad. “Es lo que toca”, dice este representante de un medio de comunicación, que no de información, claro. Ahí está la mayor violación sufrida por la profesión periodística, que no ha sabido poner coto a individuos como éste, a charlatanes y predicadores que se llenan la boca con la palabra dignidad cuando ellos son los mismos que son incapaces de poner freno a una situación desagradable.
Como quien se queja del estado de la profesión, del intrusismo y de no sé cuántas cosas más, como el actual director de Sí, Se Puede, José Luis García, y luego en su casa permite el mismo juego que tanto le molesta que practiquen sobre otros colegas o sobre él mismo.
Por todo esto hay que dar las gracias a la profesora Liliana Suárez, directora académica de este grupo de investigación de la UAM, que nos permitió que las vergüenzas de más de uno quedaran al aire, como las de quienes aseguran que en estos momentos ya no debe preocuparle tanto a los medios su difusión o su tirada (que se han reducido en los últimos dos años hasta tal punto que la mayoría de estos medios han decidido darse de baja de la Oficina de Justificación de la Difusión OJD-PGD), pero que mantienen en sus primeras páginas pastillas gráficas que ‘venden’ que siguen editando más de 100.000 ejemplares a la semana.
Un poco de coherencia, señores. Ya sabemos que los tiempos son difíciles, pero tengan ideas. La opinión de un medio está estrechamente ligada a la calidad de las personas que hacen posible ese medio. Sin ellos nos quedan los panfletos comerciales, los catálogos del supermercado.
Hola!
dir?a que es la primera ocasion que he entrado este sitio y
debo comentar que no esta mal y seguramente me veras mas veces por estos lares.
Saludos!
Gracias por tus palabras, Jose. Seguiremos trabajando por ofrecer contenidos y proyectos de calidad. Vuestra opinión cuenta mucho para nosotros.