A falta de ayudas sociales, buena es la comunicación
La falta de ayudas públicas a las entidades sociales empieza a ser una constante que, por desgracia, tenderá a agravarse con el paso de los meses. Cada vez son menos las convocatorias de subvenciones en cualquiera de las administraciones. Los recortes son evidentes y algunas materias los sufren más que otras, como es el caso de la inmigración, donde el Gobierno ya suprimió el Fondo de Acogida e Integración, que iba destinado a financiar actuaciones de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos.
Algunos políticos se están viendo obligados a hacer auténticos malabarismos para tratar de mantener algunas partidas presupuestarias que permitan seguir trabajando por la integración de los inmigrantes.
En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, en lo que va de año no se ha abierto ni una sola convocatoria de ayudas en materia de inmigración. Las últimas informaciones que hemos podido recabar indican que el Consejo de Gobierno ha echado por tierra la habitual convocatoria anual, que este año iba a estar dotada con unos cinco millones de euros, que podrían quedarse en las arcas regionales.
Este fenómeno se reproduce en casi todas las áreas. Así como otros años las distintas administraciones tenían abiertos de forma periódica procesos de subvenciones, en 2012 aparecen con cuentagotas. Esta situación está poniendo en peligro la subsistencia de numerosas ONG. Hace unos días tuve la oportunidad de hablar con la presidenta de una entidad que trabaja con inmigrantes y me decía que estaba planteándose disolver su asociación ante la falta de ayudas. Esto es una muestra de que, por desgracia, en este país se ha generado un tejido asociativo dependiente en exceso de la Administración.
La continuidad de cualquier asociación debiera estar garantizada por las aportaciones de sus miembros. Es evidente que para acometer proyectos de gran escala se requieren ayudas, ya sean públicas o privadas, pero no puede ser que el sostenimiento de una entidad esté solamente a expensas de si recibe una subvención.
Las asociaciones más pequeñas se quejan de que, en estos últimos tiempos, parece que la acción de la Administración va destinada a favorecer a las entidades más grandes, que son las que tienen la capacidad de aguantar el tirón, pero habría qué preguntarse qué hace a esas ONG tener un tamaño y unos recursos determinados para superar estos momentos de dificultad. En primer lugar, una masa social evidente y comprometida, que contribuye con sus cuotas al sostenimiento y a su funcionamiento administrativo.
Además, se trata de entidades que han asumido criterios de gestión que aplicaría cualquier empresa. Son ONG que han profesionalizado su gestión y que buscan la máxima rentabilidad en cada una de sus acciones y que suelen plantear acciones originales y proyectos atrevidos en los que se alían, en numerosas ocasiones, con las compañías privadas porque han aprendido a hablar su mismo idioma.
Y, encima, son entidades que conocen la importancia de la comunicación, un aspecto generalmente despreciado por las ONG más pequeñas, que piensan que bastante tienen con poder desarrollar sus proyectos, pero que se olvidan de contarlos o de ‘venderlos’.
Las asociaciones de tamaño reducido suelen quejarse de que la prensa les hace poco caso o de que tienen enormes dificultades para acceder a los medios de comunicación, en los que, en cambio, sí aparecen entidades como Cruz Roja, Intermón, Aministía Internacional, Cáritas y otras clásicas, por poner sólo algunos ejemplos. Sin embargo, esas ONG cuentan, desde hace mucho tiempo, con equipos o responsables de comunicación, dedicados casi en exclusiva a la labor de difusión de las actividades de su entidad.
Las ONG deben ser conscientes de la importancia que tiene una buena comunicación, y más en estos tiempos de dificultades. Contar lo que haces, y hacerlo con el mismo idioma de los medios, es una puerta abierta para atraer nuevos ingresos o benefactores dispuestos a apoyar una causa concreta. No es tan difícil, pero sí exige una estrategia clara que debe ser diseñada y ejecutada por profesionales, por comunicadores formados y con los recursos suficientes para ello.
A veces merece la pena hacer un mínimo esfuerzo en este sentido. Es probable que los resultados no se obtengan de un día para otro, pero llegarán.
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