Jessica Maridueña
Enamorada de la interculturalidad, así me siento yo. Y si pudiera dibujar un corazón, cual adolescente que empieza a vivir la ilusión por el otro sexo, o en los tiempos que corren, por el mismo; lo haría sin reparos, para que cale aún más el mensaje.
Cual devota de la doctrina, vivo en la interculturalidad: mi esposo es español y mi hijo y yo somos de aquí y de allá (Ecuador), aunque este aspecto es casual o quién sabe, quizás causal, como el principio para asimilar y conocer desde adentro el proceso –al que le veo buena pinta, dicho sea de paso -. Quién me diría que tendría la oportunidad de vivir esta experiencia en varias facetas: desde mi hogar, con mi paso por diversos medios dirigidos al colectivo (El Comercio de Ecuador, EFE Latino, Raíz, Radio Tentación, Punto Radio y Sí Se Puede–estos dos últimos actuales-), desde la cercanía con mis vecinos y hasta cuando mi Joshua (4 años) juega en el parque y sin pegas comparte con el crisol de culturas que representan el resto de pequeños. Sí es posible, sólo hay que creerlo y decidirnos a aportar nuestro granito de arena.
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