Política de inmigración: menos especulador y más emprendedor
El anuncio lanzado ayer por el Gobierno de que estudia reformar la Ley de Extranjería para conceder el permiso de residencia a aquellos inmigrantes que compren vivienda por un valor de 160.000 euros refleja bien a las claras el concepto que sobre el fenómeno de las migraciones tiene el Ejecutivo comandado por Mariano Rajoy. Y es que el PP ha conseguido transformar a las personas en números, en billetes, en euros, que es lo único que parece importarle e interesarle, estando dispuesto para ello a pasar por encima de cualquier derecho y deber.
La propuesta de Jaime García-Legaz, el secretario de Estado de Comercio (el mero hecho de que el anuncio de una política que afecta a la inmigración la haga un miembro del Ministerio de Economía en lugar de alguien del Ministerio de Empleo ya habla bien a las claras del concepto que sobre la misma se tiene en el Gobierno), resulta un tanto inquietante, por no decir alarmante.
Ligar el permiso de residencia a la posibilidad de adquirir una vivienda de 160.000 euros supone la subasta de un derecho que está en riesgo para miles de inmigrantes cada día por el hecho de haber perdido su empleo en una España que se descompone por momentos, en buena medida gracias a un Ejecutivo que parece haber perdido los mínimos criterios humanitarios.
Desde mi punto de vista, más le valdría al PP promover una reforma de la Ley de Extranjería que vaya orientada a premiar a aquellos inmigrantes que estén dispuestos a venir a España a crear empresas, a poner en marcha negocios y, por tanto, a generar empleo y riqueza, pero riqueza para todos, no sólo para ellos mismos. Eso supondría atraer talento, no sólo carteras repletas de billetes frescos y, seguramente, negros, como deben de estar las conciencias de gobernantes capaces de plantear propuestas como la de dar la residencia a compradores de pisos.
Parece que nada hemos aprendido de esta crisis. A España le sobran especuladores y le faltan emprendedores, y quien puede comprar a tocateja una vivienda de 160.000 euros lo más probable es que poco interés tenga de vivir en ella, más que para beneficiarse del sistema.
¿No habíamos quedado también, señores del PP, en que la residencia tiene que ir ligada al conocimientos de nuestras tradiciones y costumbres, al conocimientos de nuestro marco legal y de nuestro idioma? Ahora ya no, basta con que suelte usted el dinero, aunque no sepa ni lo que es España. Adoro su dinero, pase usted.
Luego nos quejaremos del turismo sanitario, de que haya ciudadanos que vengan a España a operarse para luego volver a sus países a seguir pasando los días, y haremos más recortes para dejar a los inmigrantes, a los de verdad, a los que se dejan la piel en el tajo, a los que dan el cayo y han venido a este país a currar, sin asistencia sanitaria gratuita porque son un “lastre” y “abusan del sistema”.
Si el modelo de inmigración que quiere este país es el de los Gao Ping de turno, el de gente sin escrúpulos dispuesta a hacer lo que quiera por amasar grandes fortunas surgidas del delito, no tiene más que seguir impulsando las ideas absurdas lanzadas por el Gobierno del PP.
Y, mientras tanto, que siga desahuciando a los inmigrantes de a pie para dejar paso a los que vienen con el maletín bien cargado de fajos de billetes. Ojalá llegue algún extranjero con mucho dinero y dispuesto a comprar el Palacio de la Moncloa. Le daremos la residencia por hacernos un favor y librarnos de gobernantes que demuestran cada día su incapacidad para sacarnos de una situación en la que, en buena medida, nos han metido ellos mismos. Al menos así sabremos que esto seguirá siendo cada día una república bananera.
Podemos ir colocando ya en cada una de las fronteras de este país un gran cartel de ‘Se vende’. Es una lástima que el Gobierno se fije más en Rusia y China y menos en los emprendedores inmigrantes como los que el próximo viernes 23 de diciembre firmarán en la Casa de América de Madrid un manifiesto reclamando a las autoridades el apoyo para los empresarios. Tal vez debiera hablar con ellos un poco más, y menos con rusos y chinos.
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