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Rescatamos bancos, repartimos personas

Miércoles, 5 de septiembre de 2012 Sin comentarios

Definitivamente, vivimos tiempos extraños, de extremada deshumanización, que percibimos en hechos que nos terminan pasando inadvertidos pero que no por ello son menos graves. Estos días, la inmigración ha vuelto a la actualidad por dos motivos que son el más claro ejemplo de que la persona cada vez importa menos. El primero es el de los recortes sanitarios a quienes se encuentran en España en situación de irregularidad administrativa y al que ya nos referimos en un post anterior. Y el segundo ha sido la llegada y posterior expulsión de una embarcación con 83 pasajeros a la deshabitada Isla de Tierra.

El pasado lunes, una patera salida desde las costas de Marruecos desembarcaba en un pedazo de tierra perdido en mitad del Mediterráneo donde no suele haber atisbo de vida humana pero que, administrativamente, pertenece a la soberanía española. Por tanto, quien allí esté merece ser tratado con todas las garantías constitucionales recogidas en nuestra Carta Magna, haya llegado como haya llegado.

Sin embargo, estas personas recibieron un trato dudosamente constitucional, puesto que la Guardia Civil se encargó de acceder al islote para hacerse cargo de ellos para tratar de ponerlos de vuelta al punto desde el que habían llegado, sin respetar los cauces establecidos en la Ley de Extranjería.

Pronto, algunas informaciones apuntaban a que los Gobiernos de España y de Marruecos habían alcanzado un acuerdo para “repartirse” a estos inmigrantes. Unos, los menos, los más vulnerables (ocho menores de edad y dos madres) fueron trasladados a Melilla para que recibieran asistencia sanitaria y los 73 restantes, entregados a las autoridades marroquíes para que los abandone a su suerte en tierra de nadie, como, por desgracia, es habitual en el procedimiento del reino vecino.

Lo normal, lo humano, es que estas personas hubiesen sido rescatadas del islote y trasladadas a algún lugar seguro para proceder, primero, a su revisión médica y a su identificación y, segundo, estudiar si estas personas estaban en situación de riesgo y deseosas de solicitar el asilo político o incoar el correspondiente expediente de expulsión por haber entrado al país por una vía ilegal.

Sólo eso hubiese supuesto rescatar a esas personas, pero en este país empezamos a ver más normal que se rescate a los bancos y no a las personas, que son “repartidas” como si fueran objetos, como si tuviéramos la potestad de comerciar con sus vidas, de negociar y transar con sus existencias.

De nada sirve que, incluso desde el corazón de la UE, pongan colorada a España. La portavoz de la Comisión Europea, Michel Cercone, ha recordado al Gobierno que «se deben respetar los principios y obligaciones del derecho internacional, como el principio de no devolución», que impide las devoluciones masivas sin tener en cuenta las circunstancias individuales y sus opciones al asilo.

Pero el caso es que ya hay 73 personas en mitad del desierto, en medio del mismo infierno del que intentaron escapar, del que quisieron ser rescatadas y terminaron siendo repartidas, como unos naipes.

Samia Yusuf Omar y los náufragos de la miseria

Miércoles, 22 de agosto de 2012 Sin comentarios

Estos días, la mayoría de los medios de comunicación se han hecho eco de la desaparición de la atleta somalí Samia Yusuf Omar, a quien se ha tragado el mar cuando intentaba cruzar el Mediterráneo en patera para llegar desde Libia hasta Italia. El fallecimiento de esta mujer, que se dio a conocer al mundo en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, ha conmovido a medio mundo, a todos aquéllos que habitualmente son incapaces de darse cuenta de que, por desgracia, todos los meses mueren personas anónimas tratando de escapar de la desesperación, de la pobreza y de la falta de un futuro.

Samia Yusuf Omar tenía nombre y apellidos. Conocíamos su rostro, porque la habíamos visto en televisión, aunque fuera un solo día, compitiendo hace cuatro años en unos Juegos Olímpicos que dejaban una de esas habituales imágenes de esfuerzo y superación únicas, porque daba lo mismo que esta somalí quedara la última en su carrera, a una larga distancia de la ganadora. Ella era un símbolo por ser capaz de desafiar a los convencionalismos de una sociedad machista y discriminadora, como la de su país.

Como un símbolo son también esos cientos de inmigrantes que, como ella, perecen en el intento, cuyos cuerpos ahogados en la mar meditan boca abajo sin poder ver el fondo con sus ojos vacíos, como decían los versos del poeta José Ángel Valente.

Todos esos anónimos cadáveres lo son por “flotar en la incierta realidad del ser”, por “tentar a ciegas lo improbable”, por “no tener asidero en tanta sombra”. Y lo peor es que, desde nuestras cómodas poltronas, poco nos importa su final, cuando miramos para otro lado negando una realidad evidente, contribuyendo a hacerlos invisibles.

Si necesitamos un nombre para conmovernos, que todos los que se ha tragado el mar y aún engullirá sean Samia, pero que sean, y que alguien, de una vez por todas, se ponga manos a la obra para cambiar un mundo que obliga a algunos de sus hijos a perder la vida buscando simplemente eso, una vida mejor o distinta a la que sufren.

Sea mi recuerdo para todos los que como Samia han perdido a vida por el naufragio de una patera o un cayuco.

La inmigración, contada en primera persona

Lunes, 20 de agosto de 2012 1 comentario

¿Qué sienten los inmigrantes que han tenido que dejar atrás su hogar para emprender una aventura en otro país? ¿Por qué casi nunca escuchamos su voz? Por desgracia, estamos demasiado acostumbrados a que sean los protagonistas de historias negativas, pero, si nos acercáramos a oír la historia personal de cualquiera de ellos, nuestra percepción sería muy diferente. Por eso, hay acciones que tienen un valor especial, como el libro ’3.052. Persiguiendo un sueño’, que recoge la peripecia del senegalés Mamadou Dia, quien, un 11 de mayo de 2006, decidió subirse a un cayuco en busca del sueño europeo.

Pocas veces nos paramos a pensar en qué lleva a una persona a arriesgar su vida atravesando el océano para llegar a España. Este proyecto nos permite conocer de primera mano la historia de uno de estos inmigrantes que se lanzan a la aventura.

Hoy, Mamadou vive en Murcia. De hecho, esa cifra de 3.052 que da título al libro hace referencia a los kilómetros que separan a la ciudad española de Dakar, el punto de partida de este inmigrante, que se encuentra plenamente integrado en la sociedad española, en lo que supone otro ejemplo más.

Su relato debiera ser acercado a escuelas, a universidades y a foros públicos, pues supone un instrumento de sensibilización mejor que cualquier campaña publicitaria o propagandística. Sus reflexiones representan las de un colectivo que ha tenido que sufrir demasiado, y que ahora vuelve a resentirse por culpa de la dichosa crisis.

El libro, además, tiene un fin solidario, pues el dinero recaudado por las ventas se destinará a financiar proyectos de desarrollo en el pueblo natal de Mamadou. Sin duda, una iniciativa que merece la pena y por la que felicitamos a todos los que la han hecho posible.

Evitemos que luego sea demasiado tarde

Martes, 13 de diciembre de 2011 Sin comentarios

La información económica sigue dominando cada día las primeras páginas de la mayoría de los diarios europeos. Escuchamos en todos los medios las palabras crisis, prima de riesgo, test de estrés y muchas otras que nos hacen vivir con el corazón en un puño, como si Occidente viviera una etapa de penurias insalvables. El pesimismo hace que pensemos que nadie puede estar peor que nosotros, que tenemos que luchar contra unas tasas de paro excesivas. Y a veces se nos olvida plantearnos que, si nosotros estamos como estamos, cómo le irá la vida a quienes tradicionalmente no tienen nada.

Intermón Oxfam está actuando como la voz de nuestra conciencia y estos días lanzaba un recordatorio interesante. Según esta organización humanitaria, más de once millones de personas están en riesgo de sufrir una grave crisis alimentaria en los próximos meses en la región africana de Sahel, ése África subsahariana que en países como España se hizo tan familiar con la llegada de miles de inmigrantes procedentes de países como Mali.

El aviso de Oxfam se hace más necesario que nunca, porque en España, y en Europa en general, tenemos una peligrosa tendencia a olvidarnos del resto de regiones del mundo. Al menos sólo hasta que los medios reaccionan y empiezan a mostrar imágenes de niños famélicos y de personas muriéndose de hambre, como ocurrió durante la última crisis alimentaria en el Cuerno de África.

Hay que actuar antes de que llegue la emergencia, y eso pasa por el compromiso político, tanto de los Gobiernos locales como de los occidentales, pero también por parte de la sociedad civil, que tampoco debe esperar a que sean los gobernantes los que se pongan manos a la obra.

Hay miles de ONG y de entidades sociales con presencia permanente en África, a las que hacer llegar ayuda para evitar que la situación se haga insostenible en el breve plazo.

Por tanto, no esperemos a que sea demasiado tarde. Parémonos a pensar por un instante y rasquémonos el bolsillo para ayudar a los que no tienen nada. Esta vez estamos avisados. No esperemos a ver en los periódicos las imágenes de la desolación.

Cooperación, inmigración y empresas españolas

Miércoles, 22 de julio de 2009 Sin comentarios

africa españaEspaña pone la mirada en África. Ya es habitual que nuestro ministros viajen hasta el continente africano y mezclen en su agenda oficial la firma de convenios de control de flujos migratorios con la visitas a proyectos de cooperación financiados con recursos públicos. Concretamente hace unos días, el Ministro del Interior visitaba Mali, Senegal y Mauritania con una agenda que abordaba estas dos temáticas y que muestran una vez más el interés que África está despertando en el Gobierno Español y que antes no tenía.

Y es que España ya no sólo miran a América Latina, sino también a África, como muestra el nuevo Plan Director de Cooperación, siendo determinante el papel que juegan las empresas españolas en los acuerdos que España firme con estos países africanos. ¿Hasta que punto esta ayuda está condicionada a la entrada y comercio que las multinacionales españolas puedan hacer ahora en África? y esto ¿que relación tiene con el control de flujos migratorios que hagan estos países?

Por tanto nos encontramos con un entramado de lucha contra la inmigración, ayuda al desarrollo e introducción de empresas españolas en nuevos mercados. Cosas que a priori deberían ir por caminos separados, pero que en la práctica van más unidas de lo que deberían.

¿Dinero para desarrollo a cambio de que?

Miércoles, 11 de marzo de 2009 2 comentarios

Pudiera parecer que las ayudas de cooperación que otorga el Gobierno Español a terceros países está condicionada al control migratorio que hacen estos en sus fronteras. Ésta es la conclusión a la que llegamos después de seguir de cerca la agenda oficial que la Vicepresidenta del Gobierno Español, María Teresa Fernández de la Vega, está realizando en estos días por varios países africanos

En esta visita  se confirma más aún la mirada prioritaria que desde España y Europa se tiene hacia los países africanos, sobre todo desde que estos son países emisores o de tránsito de inmigrantes. Desde que se produce esta situación, España otorga ayuda al desarrollo a estos países, a la vez que ayuda para que controlen sus fronteras por medio de patrulleras de la guardia civil que ejercen de custodios en aguas africanas y evitan así la salida de cayucos. Pudiera parecer que la ayuda para construir casas talleres para mujeres, esta condicionada a que España pueda vigilar en aguas africanas y hacerlo como si fuera territorio español. Me llama la atención que la Vicepresidenta en esta ocasión, el Ministro de Asuntos Exteriores en otras, visite de manera intercalada proyectos de cooperación financiados por España, así como las patrulleras de la Guadia Civil en territorio gambiano, pudiendo parecer que ambas están condicionadas o que ambas están dentro de una misma política migratoria.

A parte de la critica moral que puede producirnos este condicionamiento, debemos también observar con atención que esta medida no sea un manera de externalizar las fronteras europeas y ejercer el control migratorio fuera de los límites de Europa. En este sentido han sido ampliamente criticados las medidas que la gendarmería marroquí toma contra inmigrantes irregulares que encuentra intentando cruzar la frontera con España, a los que llegan a disparar o abandonar en el desierto, o las instalaciones en Mauritania del  centro de internamiento para extranjeros, criticado por las condiciones que en él se dan y financiado por el Gobierno Español. Es importante estar alerta cuando nuestro países desde Europa otorgan cooperación al desarrollo a terceros, y estos últimos para controlar la inmigración no respetan los derechos humanos y realizan medidas que serían ilegales en Europa. Cuidado además cuando estos centros que no respetan los derechos humanos son financiados por  los contribuyentes europeos, como el es caso de este centro en Mauritania financiado por España y llamado por las ong “Guantanamito”.