Los migrantes ecuatorianos, ante una campaña diferente
Ecuador está inmerso en plena campaña para las elecciones de las que saldrá el nombre del nuevo presidente de la República. La primera vuelta se celebrará el próximo 17 de febrero y, en el caso de que ningún candidato obtenga más del 40% de los votos y una diferencia de al menos un 10% sobre el segundo aspirante, habrá una segunda vuelta el 7 de abril. Los ecuatorianos residentes en España también están llamados a las urnas, y ellos con un doble motivo, ya que, además de poder decidir quién quieren que sea su próximo jefe del Estado, eligen también a aquel compatriota que representará sus intereses en la Asamblea Nacional.
Los distintos aspirantes a ocupar el escaño en representación de los ecuatorianos residentes en Europa, Asia y Oceanía andan embarcados desde hace días en la carrera hacia la Asamblea en Quito, aunque seguramente habrá muchos que aún no se hayan dado ni cuenta de que su país esté en elecciones. Estos días habrán empezado a tomar conciencia, porque en algunos lugares públicos de las principales ciudades españolas, fundamentalmente Madrid y Barcelona, el Consejo Nacional Electoral ya ha colocado carteles publicitarios recordando el momento y el lugar de votación y porque los carteles con la imagen de los candidatos empiezan a adornar los barrios con mayor presencia de población ecuatoriana.
Los candidatos tienen una enorme responsabilidad sobre sus hombros. El que finalmente resulte elegido tendrá que representar los intereses de los más de 300.00 compatriotas que aún residen en España.
Los anteriores comicios se produjeron en pleno auge de la inmigración en este país, en un momento en el que los medios de comunicación especializados mantienen una enorme vitalidad, que les permitía incluso organizar debates públicos con todos los candidatos, como el que tuvo la oportunidad de moderar quien firma este post (una experiencia bien interesante y no exenta de dificultades por el carácter pasional de todos los que en él participaron). Por aquel entonces, la prensa era un canal imprescindible para hacer llegar las distintas propuestas a los votantes.
En este 2013 el panorama es radicalmente distinto y estamos viviendo una campaña diferente. Apenas existen medios especializados para inmigrantes, y los pocos que quedan apenas tienen capacidad de influencia. Por eso, estamos disfrutando de una pugna que está utilizando dos canales muy diferentes entre sí. Por un lado, a los aspirantes no les está quedando más remedio que remangarse, ponerse un calzado cómodo y recorrerse las ciudades, las calles y los lugares que frecuentan los ecuatorianos para hacerles llegar sus propuestas de su propia boca.
Torneos deportivos, fiestas populares y cualquier reunión están convirtiéndose en escenario de improvisados mítines. Incluso continuas visitas a las sedes consulares son una excelente oportunidad para entrar en contacto con los electores.
Y, por otro lado, la guerra se libra también en las redes sociales, principalmente en Facebook. Unos y otros mantienen una frenética actividad aprovechando las facilidades de las nuevas tecnologías para incluir enlaces, ideas, propuestas y generar debates.
Es, pues, una campaña donde se mezcla en un perfecto equilibrio la más arcaica manera de hacer política con la más moderna, en un interesante experimento donde se pone a prueba la capacidad de movilización de candidatos que proceden del mundo asociativo, como Dora Aguirre o Edgar Piñaloza, con aspirantes jóvenes, acostumbrados a moverse en un entorno 2.0, como Pedro Pablo Duart.
El 17 de febrero estaremos bien atentos para conocer los resultados de unas elecciones de las que saldrá el representante de los ecuatorianos en España, que en su cartera tendrá que manejar temas como los desahucios, las ayudas al retorno o a la repatriación de cadáveres, la legalización de los títulos universitarios y tantos asuntos aún por resolver y que tanto preocupan a sus compatriotas.




Como dice el refrán “como dos gotas de agua” no por el parecido físico, sino por las declaraciones e intromisiones en asuntos externos a su país a las que últimamente nos tienen acostumbrados. Parece que “no se pueden ni ver” por las acusaciones mutuas desde el supuesto
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