Las ONGD están con el agua al cuello y con la mosca detrás de la oreja. La mayoría de ellas aún no han recibido el dinero correspondiente a los proyectos subvencionados para este año 2011, que ya están siendo ejecutados con fondos de su propio bolsillo ante la tardanza de los recursos públicos, y el cambio político no ayuda a revertir esta situación.
Sería de agradecer que los políticos se pudieran manos a la obra con urgencia y solventaran un problema que amenaza con echar por tierra el ingente trabajo que desarrollan las ONG en materia de cooperación internacional.
Por desgracia, los recortes en la ayuda al desarrollo han sido la tónica general en estos últimos años, aun con un Gobierno supuestamente progresista en el poder, como era, y todavía sigue siendo, aunque esté de recogida, el de José Luis Rodríguez Zapatero.
Conviene que recordemos algunos sencillos datos. Por ejemplo, el Plan Anual de Cooperación Internacional (PACI) para este año, aprobado el pasado mes de marzo por el Consejo de Ministros, contemplaba de más de mil millones de euros con respecto al de 2010.
Para el año que viene existía el compromiso político de situar la renta nacional bruta en el 0,7%, como se establece también en los Objetivos del Milenio. Sin embargo, esa cifra se antoja no ya más cerca que nunca, como debiera ser, sino incluso más lejos que estos últimos años. En 2010 se quedó en el 0,51%, y este año ya no habrá llegado más que al 0,4% Vamos, por tanto, hacia atrás.
Pese a la archifamosa crisis, habría que solicitar a los políticos un compromiso para recuperar con carácter de urgencia un plan de acción que permita recuperar la senda del crecimiento de la ayuda al desarrollo hasta el 0,7%, objetivo aplazado hasta el año 2015.
Y el Estado no es el único que está poniendo en riesgo el futuro de las ONGD y, por tanto, de los proyectos que éstas desarrollan a nivel internacional, porque las comunidades autónomas y los ayuntamientos también las están ahogando con sus retrasos y recortes, que rozan lo inquietante en algunos casos, como en el de la ciudad de Madrid, donde la cooperación al desarrollo ha desaparecido de los presupuestos municipales.
Ante este panorama, las ONGD se preguntan qué les puede esperar con el cambio de Gobierno. Si atendemos al programa electoral con el que el Partido Popular se presentó a las elecciones del pasado 20 de noviembre, de las que salió vencedor por abrumadora mayoría, hay evidentes motivos para que las entidades sociales se preocupen, ya que la mayor parte de las ideas contenidas en ese documento son bastante ambiguas.
Si bien es cierto que el PP dedicaba un punto completo de su programa a esta materia, bajo el epígrafe de “Una cooperación al desarrollo moderna”, sus propuestas resultan poco concluyentes, lo que hace temer que el Ejecutivo que va a presidir Mariano Rajoy preste la mínima atención a este asunto.
Según el programa, el 0,7% del PIB de contribución al desarrollo sigue siendo un objetivo propio de una sociedad avanzada como la española, pero a continuación descarga la responsabilidad en el sector privado, ante la probable poca intención de su Gobierno de destinar recursos para esta materia.
En cualquier caso, habrá que dejar un margen de confianza a Rajoy, aunque sería bueno que una de sus primeras medidas sea poner fin a la incertidumbre que padecen en este momento las ONGD, que necesitan con urgencia que se hagan efectivas las subvenciones de este año.
La falta de esos fondos ha obligado a muchas a endeudarse con entidades bancarias, para poder contar a tiempo con los recursos necesarios para poner en marcha sus proyectos, y lo que está en juego no es sólo la cooperación al desarrollo española, sino miles de puestos de trabajo de profesionales que mantienen vivo el sector social en este país.
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