Hablando se entiende la gente
Estos días hemos sabido que el instituto madrileño de Secundaria Enrique Tierno Galván ha adoptado la determinación de que una de sus alumnas, de religión musulmana, pueda seguir yendo a clase ataviada con el hiyab, el velo islámico, cuyo uso desató la polémica el pasado mes de septiembre, cuando un profesor le pidió a la chica que se quitara esa prenda durante un examen, a lo que ella se negó.
El maestro pensó que la alumna podía estar ocultando algunos auriculares a través de los cuales recibir ayuda del exterior para hacer el examen. Ésa era la primera vez que el profesor veía a la chica utilizar el velo, ya que, hasta entonces, solía llevar su cabello destapado, circunstancia que despertó sus sospechas. Sin embargo, ella había tomado la decisión de empezar a vestir el hiyab.
La solicitud del profesor de que se retirara el velo para que pudiera comprobar si estaba teniendo el auxilio de un ‘soplón’ en el examen era una simple cuestión de orden, que nada tenía que ver con asuntos religiosos o culturales. El maestro no estaba poniendo en duda la idoneidad de que una alumna portase hiyab.
De hecho, durante todo lo que va de curso, la alumna ha podido seguir acudiendo cada día a la escuela vestida con su velo islámico, y esta misma semana, el centro educativo convocó a su consejo escolar para debatir sobre si ha de permitirse a los estudiantes entrar a clase con la cabeza tapada. Al final, la respuesta ha sido de tolerancia hacia el hiyab, como ya ocurre en otras instancias. Por ejemplo, a las musulmanas se las permite aparecer en la documentación oficial identificativa, en su DNI o en su pasaporte, vaya, ataviadas con esa prenda, siempre y cuando permita su reconocimiento.
En este caso, el reglamento interno del centro establece que está prohibida la utilización en el interior de los espacios de gorras, pañuelos u otras indumentarias que dificulten la identificación de los alumnos. Bajo una aplicación estricta de esta ordenanza, el instituto podría haber impedido a esta estudiante musulmana hacer uso de su hiyab.
Sin embargo, la comprensión y el respeto hacia signos de carácter religioso parece que poco a poco van calando. Al final, como en casi todo en esta vida, lo importante es que las cosas se hablen y que cada uno entienda los motivos que llevan al otro a hacer unas determinadas manifestaciones.
No estamos ante una victoria del islam, sino ante el triunfo del sentido común. Del mismo modo que a ningún representante de un centro educativo se le ocurriría decirle a una monja católica que no accediera a un aula con su hábito, por cuanto se entiende que es parte de su idiosincrasia, tampoco a esta niña se la puede impedir ir a estudiar con la cabeza tapada.
Este detalle poca influencia puede tener en si la chica estudia más o menos. Su rendimiento escolar y su educación no van a estar en juego por el hecho de llevar hiyab o no. Si quiere ponérselo, que lo haga, siempre desde la más absoluta libertad, pues no hace mal a nadie. Pero, eso sí, siempre y cuando no vaya en detrimento de sus compañeros. Un profesor está en su derecho de exigir a un alumno que le enseñe si lleva auriculares para evitar que se hagan trampas, que sí perjudicarían al resto de sus compañeros de clase, que estarían en una situación de inferioridad.
Hay que seguir avanzando, por tanto, hacia el entendimiento mutuo, pero no sólo los miembros de la sociedad de acogida, sino también los inmigrantes musulmanes, que también han de respetar las normas del país que les recibe. Sólo desde su cumplimiento estricto estarán en disposición de exigir respeto hacia sus usos y costumbres. No se pueden reclamar derechos sin cumplir los deberes.
Desde aquí aplaudo la actitud del centro escolar, por tomar una decisión acertada, por cuanto parte del debate interno. Y ojalá los musulmanes sigan explicando, desde una actitud de responsabilidad y de respeto, por qué determinados gestos son importantes para ellos, para que llegue un día en el que casos como el de esta alumna no sean noticia.
Lo triste sería que ahora se diera un paso atrás y el centro decidiera endurecer su reglamento interno para impedir el uso del hiyab. Esperemos que el espíritu del diálogo siga imperando en el Tierno Galván y en todos los institutos de España.
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