Retorno al abandono
Con frecuencia, vemos cómo desde los medios de comunicación se nos vende la idea de que los inmigrantes están regresando a sus países de origen a consecuencia de la crisis económica que vive España. Tienden a hacer someros análisis de las estadísticas que reflejan un incremento en el número de extranjeros que desaparecen del padrón o del saldo migratorio del país. Nos recuerdan que el Gobierno puso en marcha un plan de retorno voluntario y no suelen profundizar más allá en la realidad de esas personas que han vuelto a casa. Sin embargo, nada sabemos de la realidad de esa gente.
Podemos hacer un mero análisis estadístico de cuánta gente se ha acogido a ese plan de retorno voluntario. Desde que se puso en marcha en el año 2009, 9.079 inmigrantes han vuelto a sus países de origen utilizando esta fórmula, pero, antes que nada, hagamos memoria para saber cómo funcionan las distintas opciones al alcance de este colectivo para regresar a casa.
Los inmigrantes tienen a su alcance tres fórmulas distintas para retornar. En primer lugar, existe un programa de regreso llamado de atención social, que está dirigido a personas que se encuentren en una situación de especial vulnerabilidad. A él podrían acogerse ciudadanos que no reciban ninguna prestación asistencial, que tengan dificultades para encontrar un techo o que no tengan ninguna posibilidad e salir adelante con la más mínima dignidad. Afecta, por tanto, a situaciones un tanto límites y desesperadas.
Este programa es gestionado por entidades sociales y el pasado año se acogieron a esta vía 2.119 personas, una cifra escasa si se tiene en cuenta la dureza de la crisis. El problema es que este sistema no funciona correctamente porque carece de recursos. El Gobierno destina cada vez menos dinero y las ayudas se agotan antes de que se pueda satisfacer la demanda. De hecho, en 2012, en el primer semestre ya se han acabado.
En segundo lugar, los inmigrantes también podrían regresar acogiéndose al programa de retorno voluntario productivo, dirigido a extracomunitarios que “deseen emprender un proyecto empresarial asociado al retorno”, según explica el Ministerio de Empleo. Esta opción es tan vaga y ambigua que en 2010 y 2011 sólo 199 personas se acogieron a esta fórmula, pese al espíritu emprendedor tradicionalmente asociado al inmigrante.
Y, en tercer lugar, tenemos el famoso plan de retorno voluntario mediante la capitalización del desempleo, fórmula esta que afecta a los inmigrantes que se hubieran quedado en paro. Esta opción implica que el ciudadano tenga que firmar una declaración en la que se compromete a no retornar a España en el plazo de tres años. A cambio, percibe el 40% de su prestación antes de marcharse y el 60% restante en el plazo de 90 días naturales desde que llegue a su país de origen.
¿Se están cumpliendo los plazos?
En condiciones normales, esta posibilidad parece interesante. Sin embargo, debiéramos preguntarnos si está funcionando de forma correcta. En la anterior entrada en nuestro blog, nos escribía Néstor, un inmigrante uruguayo que decidió regresar a su país acogiéndose a esta fórmula, que nos contaba cómo ha encontrado serias dificultades para poder cobrar el 60% de su prestación. En su caso, retornó en octubre de 2011, por lo que tendría que haber recibido su dinero en enero de 2012, a más tardar. Sin embargo, tras sortear todo tipo de trabas, de que en el Consulado de España en Uruguay nadie le ofreciera ninguna solución y de numerosos avatares, consiguió cobrar en junio, con seis meses de retraso, con las consecuencias negativas que supone una situación como ésta.
Néstor, como muchos otros inmigrantes, confió en la buena voluntad de las autoridades españolas. ¿Cómo desconfiar del sistema? Él se siente ahora traicionado. Cumplió con todos los requisitos, que entrañaban incluso la renuncia a la residencia legal en España, y lo único que obtuvo fue que su sueño de poner en marcha un negocio y una nueva vida en su país de origen con el dinero ganado aquí se esfumara por culpa de la burocracia o de un silencio administrativo intolerable.
La situación de abandono vivida por Néstor genera una frustración total. Y, por desgracia, su caso personal no es el único, pero pocos o nadie se atreve a hacer una reflexión de cómo está funcionando este programa de retorno una vez que traspasas las fronteras de España. Desde CIC queremos expresar nuestra absoluta solidaridad con este inmigrante uruguayo y con todos los que hayan vivido un proceso similar. De hecho, invitamos a todas las personas que hayan regresado por esta vía a que nos cuenten su experiencia.
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